viernes, junio 15

P A R A D I S E


Bésame, como si el mundo se acabara después.

—Acércate un poco más —La voz pasmosa de Minho se cuela entre sus tímpanos, haciéndole sentir cosquilleos en toda su columna vertebral. Él suspira tembloroso. 

— ¿Minho-ah? —El nombre escapa de sus labios, gruesos y trémulos, como si su voz sólo pendiera de un imperceptible hilo, haciendo que aquél alto joven se incline sobre su rostro con la excusa de no haberlo escuchado. 

—Shh… —Lo calla, posando sobre sus labios un esbelto y largo dedo, acariciando con la yema las comisuras azucaradas. Jinki siente derretirse. Sus piernas pierden la fuerza necesaria para mantenerlo en pie, y se aferra a los brazos perfectos de Minho, aquél chico que, sin darse cuenta o haberlo permitido con anterioridad, le quita el aliento con determinación. Alto, dominante, increíblemente guapo y dulce. Nunca había creído encontrarse en esta situación, pero lo estaban —. Calma este enloquecido corazón tuyo. Porque voy a besarte y no quiero que sufras un infarto.

Bésame, y beso a beso pon el cielo al revés.

—Vale… —Acepta él, anticipando la sensación de tener sus pequeños y dulces labios presionando los suyos. «Vale, sí, bésame. No te contengas, fundamos estos labios hasta que nos los desgastemos. Sin importarnos nada. Sin importarnos el pasado, el presente, y mucho menos el futuro. Bésame, aquí, ahora, no postergues el momento».
La repentina cercanía del pequeño rostro que tenía delante de sí mismo, lo hace cerrar sus alargados y rasgados ojos atigrados, y de nuevo su corazón se salta un latido. Su respiración se hace irregular. Sus parpados vibran nerviosamente sobre sus pupilas. Está ansioso. Y espera que él también lo esté.

¿Pero por qué demora tanto? ¿Por qué no siente la sutil presión de sus hermosos labios contra los suyos? ¿O es que se arrepintió? ¿O sólo estaba jugando? Por favor, por favor.

—Lo estás esperando… Puedo sentirlo. ¿No tienes miedo? ¿No quieres salir corriendo? —El cálido aliento de Minho le acaricia la boca y la punta de la nariz. Gracias, Dios… No se ha apartado, gracias, Dios. 

Bésame, sin razón; porque quiere el corazón.

—No puedo —Logra musitar extasiado por la calidez de su cercanía. Y la piel de su nuca se eriza al sentir su hermosa y respingada nariz acariciar la suya con la punta. Está cerca. Va a suceder. En cualquier momento. En cualquier momento. En cualquier instante sus bocas estarán unidas. 

—Yo tampoco, hyung, yo tampoco puedo —Y con esto dicho, sus sueños se cumplen. Sus bocas se rozan, se consumen, se quieren. Sus labios bailan un romántico vals que sus propios corazones van marcando a un acompasado ritmo. Un ritmo enloquecedoramente tierno.

Siente las manos, grandes y esbeltas, de Minho en su cadera, acercándolo a él, besándolo con tanta delicadeza como si besara una diminuta flor. Como si tuviera terror de romperlo. Y los suspiros de Jinki mueren en sus labios. Y si esto es el paraíso, entonces no le importaría morir mil veces.

Bésame.